Según una profecía maya, el
mundo termina en 2012.
El tema estuvo y está en la boca de todos los medios de comunicación, y es retomado una y otra vez: el calendario maya profetiza el “fin del mundo” para el 21 de diciembre de 2012. El calendario a largo plazo de este pueblo centroamericano, que tenía una cultura altamente desarrollada, anuncia para esa fecha el fin de la civilización humana.
Pero con una probabilidad que raya en seguridad, el 21 de diciembre de este año no va a pasar mucho más de lo que pasa todos los días. Dios no se atiene a un calendario humano, sino que Él mismo determina el tiempo del cumplimiento de todas Sus profecías sobre el fin de los días. Ni calendarios con trasfondo de ocultismo, ni un acelerador de partículas en Ginebra, ni tampoco productores de películas o autores que incentivan las especulaciones sobre un colapso cósmico próximo, dan información acertada sobre los tiempos venideros. Solamente la Biblia puede hacerlo en forma fidedigna, como Palabra de Dios que es.
La Biblia es la única que puede remitirse a una infinidad de profecías dadas en el pasado que más tarde se han cumplido. Por eso, podemos confiar en las profecías de Dios para el futuro que nos espera con toda tranquilidad, a pesar de que estas profecías aún no se hayan cumplido.
“Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman… No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y grande tu nombre en poderío… Mas Jehová es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno; a su ira tiembla la tierra, y las naciones no pueden sufrir su indignación… El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría; a su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos. Todo hombre se embrutece, y le falta ciencia; se avergüenza de su ídolo todo fundidor, porque mentirosa es su obra de fundición, y no hay espíritu en ella. Vanidad son, obra vana; al tiempo de su castigo perecerán. No es así la porción de Jacob; porque él es el Hacedor de todo, e Israel es la vara de su heredad; Jehová de los ejércitos es su nombre” (Jer 10:2,6,10,12-16).
Finis Jennings Dake (1902-1987) buscó datos a través de toda la Biblia y los representó en estadísticas. Según sus cálculos, en la Biblia hay 6408 declaraciones proféticas, de las cuales 3268 se han cumplido en forma literal y comprobable. Por ejemplo, más de 300 profecías de la Biblia que tienen que ver con la primera venida de Jesucristo se han cumplido en forma comprobable, y fueron dichas incluso 1500 años antes de cumplirse. Es por eso que no tenemos ninguna razón para dudar acerca del seguro cumplimiento de las profecías. Su segunda venida se cumplirá en forma detallada.
No obstante, dicho evento va unido a un escenario apocalíptico, descrito en el último libro de la Biblia. En otro pasaje se dice al respecto: “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria” (Lc 21:25-27). “Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra” (v 35).
La carta a los hebreos testifica de Jesús como el redentor perfecto: “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He 7:25). En una edición anterior de nuestra revista mencionamos una proteína llamada Laminina, que mantiene unidas las células y el tejido de nuestro cuerpo, y sin la cual nuestro cuerpo literalmente se desintegraría. Es interesante que ese elemento tenga la forma de una cruz. Jesucristo es el Creador y quien sostiene lo visible e invisible.
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Col 1:16-17).
De la misma manera, tampoco los acontecimientos históricos fueron librados al azar, sino controlados por Aquel que estuvo aquí y regresará. Todo va de acuerdo con Su plan divino y todopoderoso.
En Él, quien sostiene todo el universo en Sus manos, los intranquilos encuentran descanso, los temerosos la seguridad, los que no tienen protección la seguridad, porque quien invoca el nombre del Señor será salvo (Ro 10:13).
El tema estuvo y está en la boca de todos los medios de comunicación, y es retomado una y otra vez: el calendario maya profetiza el “fin del mundo” para el 21 de diciembre de 2012. El calendario a largo plazo de este pueblo centroamericano, que tenía una cultura altamente desarrollada, anuncia para esa fecha el fin de la civilización humana.
Pero con una probabilidad que raya en seguridad, el 21 de diciembre de este año no va a pasar mucho más de lo que pasa todos los días. Dios no se atiene a un calendario humano, sino que Él mismo determina el tiempo del cumplimiento de todas Sus profecías sobre el fin de los días. Ni calendarios con trasfondo de ocultismo, ni un acelerador de partículas en Ginebra, ni tampoco productores de películas o autores que incentivan las especulaciones sobre un colapso cósmico próximo, dan información acertada sobre los tiempos venideros. Solamente la Biblia puede hacerlo en forma fidedigna, como Palabra de Dios que es.
La Biblia es la única que puede remitirse a una infinidad de profecías dadas en el pasado que más tarde se han cumplido. Por eso, podemos confiar en las profecías de Dios para el futuro que nos espera con toda tranquilidad, a pesar de que estas profecías aún no se hayan cumplido.
“Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman… No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y grande tu nombre en poderío… Mas Jehová es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno; a su ira tiembla la tierra, y las naciones no pueden sufrir su indignación… El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría; a su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos. Todo hombre se embrutece, y le falta ciencia; se avergüenza de su ídolo todo fundidor, porque mentirosa es su obra de fundición, y no hay espíritu en ella. Vanidad son, obra vana; al tiempo de su castigo perecerán. No es así la porción de Jacob; porque él es el Hacedor de todo, e Israel es la vara de su heredad; Jehová de los ejércitos es su nombre” (Jer 10:2,6,10,12-16).
Finis Jennings Dake (1902-1987) buscó datos a través de toda la Biblia y los representó en estadísticas. Según sus cálculos, en la Biblia hay 6408 declaraciones proféticas, de las cuales 3268 se han cumplido en forma literal y comprobable. Por ejemplo, más de 300 profecías de la Biblia que tienen que ver con la primera venida de Jesucristo se han cumplido en forma comprobable, y fueron dichas incluso 1500 años antes de cumplirse. Es por eso que no tenemos ninguna razón para dudar acerca del seguro cumplimiento de las profecías. Su segunda venida se cumplirá en forma detallada.
No obstante, dicho evento va unido a un escenario apocalíptico, descrito en el último libro de la Biblia. En otro pasaje se dice al respecto: “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria” (Lc 21:25-27). “Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra” (v 35).
La carta a los hebreos testifica de Jesús como el redentor perfecto: “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He 7:25). En una edición anterior de nuestra revista mencionamos una proteína llamada Laminina, que mantiene unidas las células y el tejido de nuestro cuerpo, y sin la cual nuestro cuerpo literalmente se desintegraría. Es interesante que ese elemento tenga la forma de una cruz. Jesucristo es el Creador y quien sostiene lo visible e invisible.
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Col 1:16-17).
De la misma manera, tampoco los acontecimientos históricos fueron librados al azar, sino controlados por Aquel que estuvo aquí y regresará. Todo va de acuerdo con Su plan divino y todopoderoso.
En Él, quien sostiene todo el universo en Sus manos, los intranquilos encuentran descanso, los temerosos la seguridad, los que no tienen protección la seguridad, porque quien invoca el nombre del Señor será salvo (Ro 10:13).
